Los militantes radicales tenemos la obligación
de a recorrer el País explicando un plan de gobierno que sea verdaderamente
progresista, alternativo al que hoy lleva adelante el Gobierno Nacional.
Para ello debemos estar convencidos internamente
que los disensos de formas no deben anteponerse a las cuestiones de fondo de
las políticas que llevaremos adelante, mas allá de los sectores internos al
cual adhiramos, para volver a ser UNION.
Convencidos de que la exclusión y la pobreza
actuales no permiten que seamos libres para elegir nuestro destino, sabedores
que la igualdad, la libertad y la solidaridad son los principios básicos de
nuestra razón CIVICA.
Nuestras bases filosóficas nos las
inculcaron Alem, Irigoyen, Lebensohn,
Illia, Alfonsín, pero enseñándonos a
seguir ideas y no hombres.
Creemos que es
preferible que se rompa pero que no se doble, que se pierdan cien gobiernos pero que se salven los principios,
porque tenemos doctrina para que nos
entiendan y conducta para que nos crean, comprendiendo que ser radical no es fácil pero vale la pena
serlo, y por que estamos persuadidos
que con la democracia se come, se educa y se cura. Estos son los principios
de todo RADICAL.
Nuestro andar debe tener limites, ya que un
político no es un trepador, ni puede abandonar impunemente ideas que proclamó
durante toda su vida, simplemente para llegar a ocupar cargos de poder
importantes. En otras palabras: no es la suma de las palabras y de los gestos, sino
la expresión de una conducta, de una moral. Mucho más importante que llegar a
una posición es merecerla.
Debemos demostrarle a la sociedad que los
radicales estamos presentes como opción de gobernabilidad, basados en la
fortaleza del trabajo, en la credibilidad, en el compromiso diario, desde el
lugar que nos toque cumplir con nuestras responsabilidades, cívicas, públicas y
personales, no solo para preservar la institucionalidad, sino también para que
sin sectarismos podamos cumplir con nuestros ideales, escribiendo nuevas páginas en la
historia de la UNION CIVICA
RADICAL.